Llegó un patita atropellado. Tenía el esternón fracturado y una astilla de hueso casi se le clava en el corazón. Pero se quedó a centímetros. Se salvó con las justas. En la noche roncó y no me dejó dormir. Terminé pensando que ojalá se muera. Era un gordito. Dejó de roncar como a las cinco de la mañana. Se había muerto. Muerto por hueso en el corazón.